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Points of Light

I’ve been busy putting up Christmas lights around the house and outdoors.  As long as the temperature isn’t below zero Fahrenheit, it’s a pleasant task.  I feel as though I’m creating something new and worth the effort.  It’s an advent in every sense of the word, and there is anticipation that something very good is about to happen.  Lights bring an energy to the night, a comfort, an aesthetic hope that somehow we’ll always find a way through the dark times of our lives.  I think it’s why we put lights up and why passers-by enjoy them.

Lights are not always easy to work with.  Usually, before they can assume their proper role, they are a tangled mess.  Even right out of the new box, there are ties to be unwound and stretching to be done so that each string of lights can reach their full extent.  Time usually generates the flexibility necessary for best performance, though time can also introduce deterioration in some lines.  In those cases, dependability becomes suspect and I generally lose patience in working with those lights.  And patience is an essential in working with lights!

Reliability is a big issue with lights: you want to have confidence that after you’ve put them up and turned them on they’ll work.  Few things are more frustrating than investing time and effort into a new string of lights and then having them fail.

Failure can come about for a number of reasons.  Power is always a factor.  If the source of power is compromised in any way, the lights will never shine.  Likewise, if the power does not reach every bulb in the string, only a very few of the lights will glow.  I’ve been intrigued by some claims which suggest that a line of lights will stay lit even if one or more burn out, but I haven’t had much success with those.  It’s been far more common that every light in a string dims and eventually goes out when other bulbs are not working.  Bulbs need to be checked and replaced when that happens.  It’s tedious and sometimes difficult work, especially if it’s cold outside or the project is a large one with lots of other lights that could be affected.  It seems as though when I start working with them I can never quite tell exactly where the problem lights are going to be; otherwise, I’d place them in a way so as to be more quickly accessible.  But lights are among the most fickle of things.  When I test them, they all seem to shine.  But in use, there are always one or two that are burned out.

My friends who never put up lights sometimes ask me why I do it.  They rightly point out that it’s time-consuming and often uncomfortable, not to mention the expense of energy.  I suppose they’re correct in those observations, if I think dispassionately about them.  But there are times, I’ve heard it said, when it’s best to think with one’s head but follow one’s heart, and that’s what has always encouraged me to work with lights.  I can even recall the first “energy crisis” in 1974, when neighborhoods went dark on winter evenings because of the fear of not enough capacity for everyone to be served.  Katie and I still placed a couple of strings  down our front railings, just to remind ourselves (and anyone else who might have been looking) that lights can be very special, even in the darkest times, maybe even more so with diverse colors.

I’ve got everything completed now, or at least for the time being.  I’m ready for the forces of nature, come what may.  Whether it be the cold winds that howl and tug at the light strings, the snows that cover everything until even the lights can’t be seen, or the slick, freezing rains  that are slippery enough to bring down the most stable display, nature will do its best to have its own way.  But for now, we have lights.  And we’ll work all winter to keep them lit….

 

 

 

 

 

Cuestiones de contraste

por STEVE SHEPPARD, el 16 de diciembre de 2012

Al prepararnos para la navidad, es fascinante notar tanto la naturaleza como el ritmo de las actividades que emprendemos para disponernos para la ocasión. Aparte del consumismo rampante que agarra a nuestra sociedad estos días como un virus peligroso, parece que el advenimiento está lleno de una gama de tradiciones y prácticas que se han hecho tanto una parte de la temporada como Santa Claus o el árbol decorado. Para mí, meter dinero en las calderas del Ejército de Salvación y escuchar a los campanilleros en las aceras y en los centros comerciales es una imagen simbólica que pertenece a la temporada. Hay muchos de dichos signos del acercamiento del día, y todos sirven para aumentar nuestra anticipación y gozo de este tiempo del año.

También suelo pensar acerca de la gente que he conocido en Nicaragua y como pueden estar preparándose para la navidad. Aunque nunca he estado en el país en los días y semanas inmediatamente antes de la navidad, sin embargo me imagino lo que puede estar pasando en los corazones y las mentes de la gente que conozco allá. Lo que sí sé es: a pesar de todas las similitudes estacionales que compartamos entre culturas, hay una realidades muy distintas que ocupan nuestras perspectivas respectivas.

Esta noche mi esposa y yo iremos al campamento local donde organizaciones locales han donado docenas de exhibiciones de luces para deslumbrar a los niños de todas las edades. Se pide una donación de libre voluntad de los visitantes para ayudar a organizaciones locales de caridad en este momento ocupado del año, y a cambio de esa donación nos encaminaremos por el campamento y contemplar unas exhibiciones muy impresionantes alumbrando la noche. Después iremos por una parte del pueblo y fijarnos en exhibiciones individuales en muchas casas, algunas de las cuales dejarán boquiabierto por su tamaño e iluminación. En Nicaragua, no se suele usar la energía eléctrica de tal forma. Hay luces festivas montadas en algunas de las plazas e intersecciones en la capital de Managua, puestos allá por el gobierno y de hecho dejados allá todo el año, como un tipo recordatorio diario de la generosidad del partido de gobierno. Por lo demás, la electricidad, cuando está disponible, se reserva para propósitos más necesarios, y el lujo de luces festivas individuales es menos frecuente.

Hemos estado en la temporada alta de hacer compras por varias semanas ya, con compradores desesperadamente buscando los artículos que hará inflar sus gastos totales de regalos este año a un promedio de US$450 por cada familia por todo el país. Mis amigos nicaragüenses darán regalos a uno y al otro también, pero en escalas mucho más pequeñas. Después de todo, los $450 que cada uno de nosotros gastaremos solamente en regalos de navidad representa casi la mitad del ingresos promedio anual (average annual income of) de familias en Nicaragua.  Allá, se gasta el dinero en lo que se necesita. Aquí, se gasta el dinero de regalos en lo que uno quiere, en gran parte porque – para la mayoría de nosotros – las necesidades verdaderamente esenciales han sido satisfechas como un modo de vivir. Es el ipad re-emplazado por una bolsa de rosquillas.

En el norte, tendemos a ser un poco esquizofrénicos sobre la comida de las fiestas navideñas: tenemos muchas ganas de la auto indulgencia que nos rodea en estos días, y nos avergonzamos sabiendo que estaremos llenos de remordimiento después. El exceso de nuestra dieta festiva tanto nos encanta como nos disgusta, hartándonos, y después maldiciendo el resultado. Nuestros vecinos al sur celebrarán con comida también, pero la utilizarán como la necesidad que es, en vez de una demostración de abundancia que puede llegar a ser.

Las festividades de este año tiene su contexto. En los EEUU nos acercamos a las festividades con la incertidumbre inquieta sobre el inminente “precipicio fiscal”, su presencia un factor moderando de nuestras celebraciones. Consumimos y gastamos en esta temporada festiva sin saber si vamos a poder costearlo el próximo año. Es un reconocimiento molesto que, aunque no nos para, sin embargo nos hace cuestionar si realmente vamos rumbo a tomar el gran paso hacia el vacío en el futuro próximo. En Nicaragua no hay tal incertidumbre. El paso hacia el vacío se tomó hace mucho tiempo, y la caída libre resultante se ha disminuido poco desde entonces. Para los nicaragüenses, el asunto es el aterrizaje. Podríamos desesperarnos de tener menos ingresos discrecionales para gastar en nosotros después de tener satisfechas esencialmente todas nuestras necesidades; los nicaragüenses todavía se preguntan sobre satisfacer esas necesidades. Como resultado, las bendiciones navideñas asumen otro tono y textura.

Navidad es uno de los días festivos raros que se celebra en casi todos los países del mundo. Sea visto como la celebración del nacimiento de Jesús, o sea visto sencillamente como un momento de dar gracias y cambiar regalos, es un día tan universal en la vida del mundo como ningún otro. Pero, como en el caso de las verdades más universales, nuestra perspectiva forja nuestras percepciones…