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Un alma servicial

por STEVE SHEPPARD, el 2 de diciembre de 2012
La semana pasada estuvo llena de historias sobre compras de navidad, descuentos especiales, el frenesí mostrado por consumidores, y si este año va a ser “mejor” que el año pasado, medido por dólares gastados por comprador. Esto puede dejarme sintiendo un poco harto sobre la temporada festiva, preguntándome qué pasó con “como todo se sentía”. Y después la historia sobre el policía de Nuevo York, oficial Larry DiPrimo salió en las noticias, y la temporada para mí ha cambiado categóricamente a mejor.
El oficial DiPrimo es el policía quien prestó atención a un hombre sin casa, sin zapatos, en las calles de Nuevo York, y llevó al hombre calcetines y botas del invierno para repeler las temperaturas bajo cero. El evento fue captado en una foto tomada por un transeúnte, una foto que ha agregado una amplitud y cierta longevidad al acto:

Ya cientos de miles de personas han visto la foto, y la foto en sí ya es un agradecimiento clásico gracias al internet. Es una historia que causa un sentido de bien por razones obvias, pero hay algo más en esta lección que aparece inicialmente.
Aún más notable que el acto de caridad en sí, fue que el Oficial DiPrimo pagó por los artículos de su propio bolsillo, sin expectativa de un reembolso, ni de atención alguna. El hecho de que el oficial se detuvo para ayudar a un hombre sin casa es una historia bonita; el hecho de que lo hizo de su propia preocupación y caridad lo convierte en un relato único. Los funcionarios públicos en nuestras vidas- policías, trabajadores sociales, consejeros- han aprendido temprano en sus carreras que no pueden resolver personalmente todos los asuntos de las vidas de sus clientes. Generalmente, lo más que pueden hacer es facilitar la asistencia de agencias o de otras organizaciones. Pero el Oficial DiPrimo sentía de otra manera. Decidió resolver este problema particular de este indigente en particular. Hace toda la diferencia en el relato, no solamente para el hombre, sino también para el oficial.
Otro elemento a esta historia que lo hace diferente de otros relatos de sentirse bien se encuentra en su deseado anonimato. Cualquier de nosotros podríamos ser motivados a ayudar cuando el resplandor de las cámaras, la sugerencia de la fama de YouTube y el estado instantáneo de héroe están en juego. Pero DiPrimo actuó al margen de las luces, sin darse cuenta de que se había tomado ni una sola foto, ni de que alguien había notado su gesto. El motivo fue desinteresado, y dar vida al dicho “el carácter es lo que hacemos cuando pensamos que nadie nos ve”. El acto de DiPrimo tuvo una pureza única.
Finalmente, esta historia capta el elemento de DiPrimo mismo. Ayudar a vagabundos sobre las aceras de Nuevo York puede ser considerado como parte del trabajo de DiPrimo. Se puede ver su generosidad como el acto de un hombre generoso, en simpatía con alguien menos afortunado, pero un acto que muchos de nosotros nos gustaría creer es parte de nosotros también. Pero DiPrimo no solamente le llevó los artículos, sino gastó su propio dinero por ellos. Al darle a él el regalo, se le ofreció a sí mismo también. No solamente dejó las cosas recién compradas con el hombre. DiPrimo actualmente se arrodilló al lado del hombre, y le ayudó ponerse los calcetines y las botas, y en el acto de dar, DiPrimo llevó esta historia a un nivel más alto que hubiera sido reportado en otras circunstancias. El servicio personal del oficial al hombre sin casa elevó este relato a un relato de dimensiones heroicas.
Esa es la razón por la cual tantos de nosotros nos sentimos atraídos a la foto y a la historia detrás de la misma. Resuena de algo profundo en nuestros corazones, que no siempre somos capaces de identificar ni explicar, pero que nos mueve tanto como cualquier emoción que podemos sentir en la vida. Inmediatamente reconocemos la rectitud del acto, el cariño que se refleja, una historia verdadera que termina-por lo menos en esa noche-con el poder del amor victorioso sobre la desesperanza. Deseamos ver un poco de nosotros mismos en el Oficial DiPrimo, y anhelamos sentir la misma compasión y urgencia de actuar que vemos en él. Sabemos que DiPrimo no es ningún santo, sino un hombre que sintió lo que a veces sentimos. Nos sentimos bien acerca de esta historia, como si hiciéramos el acto nosotros mismos. De repente reconocemos-aun si solamente por un momentito-que las posibilidades de tal servicio están vivas y bien, en algún lugar dentro de cada uno de nosotros.
La buena nueva de esta noticia aparentemente sencilla es que un hombre sin casa se hizo más cómodo por el acto de cariño de otra persona. La noticia aun más grande es que el alma servicial nos queda dentro de cada uno de nosotros, esperando su propio encuentro en cualesquier calles donde andemos…

La intersección cerrada

Y usted pensaba que su viaje diario al trabajo era difícil

¡Y usted pensaba que su viaje diario al trabajo era difícil!

por STEVE SHEPPARD, el 29 de diciembre de 2012

El viaje del mes pasado a Nicaragua fue memorable por varias razones, no menos por un encuentro que experimentamos en el camino al norte para unas reuniones. Cerca de la municipalidad de Ciudad Darío, el tráfico empezó a ponerse muy lento. Unos kilómetros después se había parado completamente. Manifestantes se habían tomado la carretera en una intersección principal algunos kilómetros adelante, en una protesta bien planificada debido a los altos pasajes de bus. Se hicieron entender por medio de parar todo. Buses, camiones, carros, todos inmóviles. Y allá nos sentamos, atascados por detrás y por adelante, el tráfico parado tanto del norte como del sur, un embotellamiento completo en el campo.

La intransitabilidad de la carretera resultó ser suficiente significativa para aparecer en las noticias por todo el país, incluyendo una foto en la primera plana de uno de los diarios, que aparece arriba. Los manifestantes tuvieron éxito en hacer conocer su descontento, si no corregir la situación. Estaban molestos acerca de los aumentos en los pasajes del bus que habían experimentado recientemente, y fundamentalmente demostraban que si ellos no iban a poder viajar en bus, nadie más iba a viajar tampoco. He pensado sobre esos manifestantes y su embotellamiento, y me he preguntado tanto acerca de la génesis de sus acciones, como si augura algo para el futuro como tal.

Estoy bastante convencido que la razón por el aumento en el pasaje de bus fue el costo de combustible, y al subir los precios del combustible, los pasajes de bus tuvieron que seguirlos. Es la misma fórmula en el mundo entero, pero el bocado a los presupuestos personales de los pobres se siente más pronto y más profundamente que para el resto de nosotros. Además, los nicaragüenses del campo no tienen otra alternativa práctica a los buses atestados de gente que andan en el campo; son verdaderos rehenes a tanto las rutas sinuosas como los pasajes que cobran. Cuando el precio del combustible sube en los EEUU, los choferes se quejan y pagan el aumento. Cuando el precio del combustible sube en Nicaragua rural, el aumento resultante en el pasaje cambia el flujo y reflujo de la vida dramáticamente, y muy rápidamente. Por lo tanto, las manifestaciones.

No tenía sentido maldecir el atasco, y no nos causó inconveniencia verdadera. El atraso nos dio una oportunidad bienvenida, de hecho, de bajarnos y estirarnos al lado de la carretera, una diversión que se apreció de hecho. Por los dos lados, hasta donde uno podía ver, la carretera estaba llena de vehículos. Varias veces durante la espera, los vehículos se adelantaban apenas un poco, causando a los otros choferes a correr hacia sus vehículos en espera del fin de embotellamiento. Pero cada vez, el adelantito chiquito terminó siendo nada mas que las ilusiones de choferes impacientes, tratando de llenar cada espacio disponible en espera de avanzar. (En un caso particularmente “urgente”, el adelanto brusco repentino interrumpió a un pasajero del camión cuya necesidad de aliviarse no podía esperar más, pero cuya cobertura que le brindaba el camión se perdió cuando su chofer inesperadamente adelantó bruscamente el camión).

El embotellamiento me dio unas oportunidades interesantes de observar a las personas, y emergieron varias curiosidades. Al mirar el impacto tremendo que esta manifestación relativamente pequeña tenía sobre las vidas de muchos nicaragüenses, me hizo pensar sobre cuales tipos de escenarios se desarrollarían en el mundo en los meses y años venideros. Por supuesto, algunos escenarios ya están desarrollándose, como en Grecia y España. La situación inmediata acá representaba solamente una pequeña parte de la sociedad nicaragüense frente a uno o varios aumentos del pasaje, pero ¿cuáles serán las consecuencias cuando los aumentos sean más grandes aún y más frecuentes? ¿Cómo se va a ver el escenario cuando estos impactos empiecen a ser sentidos más profundamente dentro de los EEUU y en las otras economías grandes? Ser testigo a un atasco extenso de vehículos en una carretera nicaragüense en una cosa; ¿qué efecto parecido tendrá en las ciudades principales y locales muy rurales en otras partes del mundo? De repente, al atasco frente de mi se encogió en su tamaño, al contemplar las escaseces de energía y precios más altos que se hacen sentir en el mundo entero. Imagínense, por ejemplo, no tráfico en y alrededor de Los Ángeles.

El futurista Chris Martenson ha logrado sincronizar mucho de su pensamiento en su obra, Crash Course. En el libro describe con gran lucidez las intersecciones inminentes de sobrepoblación, demandas de energía crecientes en un mundo finito de energía, economías dependientes de energía y los costos de degradar el medio ambiente. Un científico por su preparación, Martenson ofrece su trabajo no como un visionario del futuro, sino como una persona quien tiene datos disponibles para respaldar la visión del significado de estas intersecciones para todos nosotros en los años inmediatamente venideros. El cuadro no es necesariamente de perdición y penumbra, sino una visión de una existencia muy diferente para la mayoría de nosotros. Y la fila de vehículos en un tramo rural de la carretera en el centro de Nicaragua es solamente una pequeña y temprana muestra de lo que podríamos bien vivir en el corto plazo.

Ese día algunos choferes descansaban en la grama al lado de la carretera, rindiéndose a la realidad de que no iban a ningún lado muy pronto. Escuché solamente unos pocos pitidos de los carros. Los pasajeros quienes iban al norte, se bajaron de sus buses y empezaron a caminar a donde los buses yendo al sur estaban parados; los pasajeros yendo al sur hicieron lo mismo, pero a la inversa. La estrategia fue que cada chofer regresaría de donde venía, intercambiando sus pasajeros con los buses del otro lado, y seguir sus viajes al norte y al sur. No sé si funcionó, dado que los buses estaban bien apretados, uno contra el otro, pero me parecía un buen plan. El dilema compartido creó casi un ambiente festivo entre los choferes y pasajeros atorados allá al lado del camino, dando veracidad al dicho que realmente a la miseria le encanta la compañía. Para nosotros, el atraso no interfirió con nada más que nuestra llegada al hotel de esa noche, lo más una inconveniencia leve.

Pero para muchos, el atraso largo en el flujo de tráfico creó una inconveniencia grande o peor aun. Al ver la fila masiva de vehículos tan largo como daba la vista, sentí como una previsión del mundo venidero, una intersección de realidades con el potencial de hacer parar mucho del mundo, un bloqueo del flujo de la vida económica, energética y ambiental que exigirá una paciencia extraordinaria, un sentido fuerte de comunidad, y un reconocimiento más profundo de los que poseen mucho menos recursos que el resto de nosotros. Porque finalmente, ninguno de nosotros puede estar tan bien como pudiera, con tal de que los otros que nos rodean estén mal; es la limitante del eslabón más débil.

Tal vez todos nosotros necesitamos ser interrumpidos por suficiente tiempo para buscar esa intersección cerrada y entender lo que haría a nuestros viajes respectivos…

Verdades universales

por STEVE SHEPPARD, el 6 de enero de 2013

Una de las expectativas que tenía durante mis años con Foldcraft Co. era que algún día podríamos competir con suficiente éxito para adquirir uno de nuestros competidores locales, Waymar.  De hecho tuvimos conversaciones con el dueño de la empresa quien contemplaba su jubilación, pero nunca logramos hacer avanzar las conversaciones de una manera sustantiva. Pueden imaginarse, entonces, mi sentido de satisfacción cuando el mes pasado Foldcraft terminó el proceso de adquirir esa empresa y su filial en Seattle, Washington. Algunas buenas cosas solamente requieren tiempo para desarrollarse.

La adquisición no fue gratis, por supuesto. Los empleados-dueños de Foldcraft enfrentan mucho trabajo para hacer de esta adquisición un éxito. Tendrán que aprender cosas nuevas. Tendrán que familiarizarse con la manera que Waymar hacía sus negocios. Tendrán que imaginarse los cambios que se pueden hacer para armonizar las dos operaciones manufactureras. Tendrán que informarse sobre un juego completamente nuevo de clientes y sus demandas. Tendrán que hacer de Waymar una empresa rentable si quieren poder cubrir la deuda contraída de la compra, y casi seguro van a encontrar sorpresas en el camino. Las dos culturas tendrán que ser armonizados en una, y una fuerza de mano de obra colaborativa tendrá que ser fabricada de las dos que antes de competían entre si. Se va a requerir mucha educación dentro de ambas compañías. Cuando se detiene para tomar en consideración todos los obstáculos que existen en tal transacción, parece bastante riesgosa.

Esa es una de las verdades de tener una empresa de cualquier naturaleza: cada una tiene sus riesgos y recompensas. Siempre es así. Si el éxito fuera garantizado en cualquier proyecto económico, todo el mundo estaría haciéndolo. Pero son las tensiones entre los riesgos y los recompensas que hacen las historias de éxito tan irresistibles a nosotros. Nos maravillamos de los obstáculos que las empresas exitosas han superado, y escuchamos con nostalgia los cuentos de éxito financiero, frecuentemente concluyendo que deberíamos poder lograr tanto. Sea una cooperativa en la parte rural de Nicaragua o una fábrica en las llanuras de Minnesota, nos encanta escuchar historias que confirman la idea que cosas improbables – aun milagrosas – pueden suceder y a pesar de las probabilidades sí suceden.

Como una empresa de los y las trabajadores, Foldcraft asumirá el reto de la manera que mejor garantiza el éxito, un proceso que recurrirá a algunas verdades y metodologías que incumben la vida organizacional en todas partes. La primera cosa que la gerencia hará es reconocer que la gente necesita saber. Los líderes asegurarán que los socios y las socias claramente entiendan los riesgos mencionados anteriormente, y exactamente lo que se necesita para responder a esos riesgos. La verdad no será un lujo, sino una necesidad, porque donde hace falta información, los rumores llenarán el vacío, y el éxito no de puede construir sobre insinuaciones. No habrá nada automático sobre el éxito en esta iniciativa, y los socios-dueños absolutamente tendrán que conocer las verdades de su organización, sean buenas o sean malas.

El empeño requerirá que los socios y las socias de la organización – tanto de Foldcraft como de Waymar – se eduquen en la ecuación del éxito de la nueva organización, esos elementos que tendrán que ocurrir para que la empresa nueva tenga éxito. Desafortunadamente, en demasiadas organizaciones aun hoy en día, los socios y las socias simplemente no tienen el conocimiento sobre qué crea el éxito para su negocio. Solamente saben que hacen ciertas actividades que se les han enseñado a hacer, sin saber por qué o cómo esas actividades armonizan con los esfuerzos de otras personas en la organización. Como en cualquier juego, el objetivo es marcar, y los jugadores necesitan entender cómo se anotan puntos, cómo ciertas acciones y reacciones se juntan dentro de la empresa para lograr las metas. Quieren saber cómo ganar. En el caso de Foldcraft, los principios de libros abiertos (open book management) les enseñarán a los socios y las socias exactamente lo que tiene que suceder para el éxito, y después darán seguimiento al éxito (o el fracaso) para que los socios y las socias sepan si están ganando o perdiendo el juego.

Foldcraft creará medios para el involucramiento de sus socios y socias. Las dificultades de la transición encontradas sencillamente no van a poder absorber a personas quienes no están completamente comprometidas con su éxito; es la realidad de cualquier negocio. La participación de cada socio o socia se magnifica en una iniciativa como esta. La empresa seguirá formando equipos y grupos de proyectos especiales para enfrentar problemas, y por dos razones, por lo menos. Primero, cuando los socios y las socias se emocionan de contribuir al cambio y el mejoramiento, es posible no reconocer completamente cuál papel deben jugar o donde empezar.  Los líderes de Foldcraft pueden ayudar en eso “colocando a los jugadores”. Segundo, el cambio sostenible y efectivo requiere la sabiduría y las experiencias de tantas fuentes como sea posible, y eso quiere decir el involucramiento amplio de los socios y las socias de todas las áreas de la organización. Foldcraft ya ha utilizado este enfoque al hacer su evaluación de Waymar como una adquisición posible. Equipos de gente de Foldcraft se involucraron en evaluar factores como la salud financiera y transparencia, ética y entereza de la compañía, seguridad laboral, métodos  de producción, oportunidades de mejoramiento, estrategias del mercado, y más. Los socios y las socias de Foldcraft compartieron la responsabilidad de recoger y evaluar esta información bajo la creencia que “ninguno de nosotros es tan inteligente como todos nosotros juntos.” Como resultado, la evaluación se hizo más rápido y más a fondo que se hubiera hecho con solamente unas pocas personas involucradas.

Finalmente, el éxito de la organización nueva requiere que haya una recompensa por todo el esfuerzo y la toma de responsabilidad mostrada por los socios y las socias en ambos sitios de trabajo. Además de reforzar de seguridad laboral por forjar una empresa más fuerte, los socios y las socias de Foldcraft son los dueños de su empresa. Por participar en el Plan de Adquisición de las Acciones por los Empleados (Employee Stock Ownership Plan (ESOP) de la empresa, los socios y las socias son las personas que se benefician del crecimiento de las acciones. Y esa acumulación de riqueza pueden tener un impacto muy importante sobre los socios y las socias que permanecen con la empresa por muchos años. El incentivo de hacer exitosa esta adquisición está bien sentada, para estos socios y socias que quieren tener la oportunidad de hacer un futuro mejor para ellos mismos y sus familias.

Por supuesto, Foldcraft sabe que el éxito no es una cuestión de suerte. Es solamente una oportunidad, como cualquier iniciativa. Las buenas nuevas son que las verdades y oportunidades comentadas anteriormente son las que resuenan en la mayoría de nosotros. Alimentan una necesidad humana de ser parte de algo, de entender, de aportar, de tener éxito, de ser parte de algo más grande de nosotros mismos. Es una verdad que sobrepasa las fronteras nacionales y culturales, porque toca algo profundo en nuestras psiquis, algo humano por naturaleza.

Algunas organizaciones dejan que las oportunidades se les escapen de sus manos, ya sea por causa de luchas sobre el poder de los líderes, o avaricia, o falta de transparencia, o por tener demasiado pocos socios seriamente involucrados; buenas ideas se mueren a diario por ignorancia y centralidad de uno mismo. Las historias del éxito, sin embargo, surgen desde el fomento de las verdades universales que absolutamente están dentro de nuestro alcance cuando estamos anuentes a extendernos…

Cosas Inútiles

por STEVE SHEPPARD, el 10 de Noviembre de 2012

Un componente de mi  reciente viaje a Nicaragua fue la participación en un taller de cooperativas, el más reciente de una serie de talleres enfocado en las cooperativas rurales de la zona cafetalera del norte. La Fundación Vientos de Paz ha venido patrocinando estos talleres en los últimos dos años que ha permitido a las cooperativas de base reunirse y discutir temas con las cooperativas del segundo piso; compradores; fuentes de financiamiento; organizaciones de asistencia técnica y otras organizaciones más. Estos talleres han resultado ser oportunidades únicas para que estos grupos se junten por varios días, discutan temas sobre la producción y comercialización, se enteren de las preocupaciones de cada una, y se espera que creen alianzas entre ellas mismas que fortalecerán a todas. Estas sesiones gozan de mucha popularidad entre las y los participantes; constantemente otras cooperativas, no invitadas, han preguntado sobre las posibilidades de su propia participación. El tiempo nos dirá si el trabajo de fortalecimiento organizacional  que están haciendo va a crear un desarrollo significativo, pero los indicadores hasta el momento son positivos.

 

Entre las sesiones con Freddy

Durante este taller más reciente, escuchamos presentaciones sobre las innovaciones, y principalmente de los y las jóvenes de la región. Le tocó a cada una de las nueve personas, pararse frente a los otros sesenta participantes, y describir cuidadosamente el plan de negocio de una iniciativa económica de su propia creación. Se expresaron los planes con detalles, entusiasmo y expectativas realistas. Abarcaron desde un programa de reciclaje de botellas plásticas hasta la crianza de abejas. Las presentaciones en PowerPoint dieron vida a las ideas mientras cada innovadora e innovador tocaron puntos como las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas de sus planes. Cada una había reflexionado sobre los mitos y malentendidos que podrían haber impedido a otras personas en el pasado. Y los planes examinaron la iniciativa desde un rango completo de perspectivas, incluyendo las dimensiones intelectuales, sociales, emocionales, espirituales, laborales y físicas. Me impresionaron; honestamente he leído planes de negocios en los EEUU que no fueron ni cercanamente tan bien formulados e integrales como esos. Sobre todo para mí se destacó la confianza demostrada por cada emprendedor y emprendedora al explicitar su plan de ataque.

Abraham Cruz

Una idea me llamó fuertemente la atención. Abrahám Cruz es un hombre joven, impresionante, de familia quien se crió dentro de las tierras de la cooperativa GARBO cooperative, en la sombra de la presencia colosal de Peñas Blancas.  Su vida y cosmovisión dentro de ese ambiente de belleza natural obviamente ha moldeado su pensamiento, al presentarnos una idea única en mi experiencia: esbozó el desarrollo de un “colibrario,” una reserva o santuario para los colibríes.

Dentro de los límites de su propio patio, Abrahám decidió tomar acciones sobre su interés en estas criaturas diminutas. Empezó aprendiendo más sobre su hábitat, los tipos de plantas que atraen a las varias especies – hay cinco dentro de Nicaragua – y comenzó un régimen de plantarlas y cultivarlas alrededor su patio. De hecho, pasó una buena parte de cada día desarrollando este ambiente, a veces objeto de la burla y aun expresiones del descontento de otras personas. “¿Por qué pasas todo el día sembrando flores?”, le preguntó la gente. “¿A quién le importan estos colibríes? Es trabajo de haragán. Tenés interés en cosas inútiles.” El pensamiento convencional consideró este compromiso de Abrahám a la pajarera una pérdida de tiempo. Afortunadamente, Abrahám se sensibilizó mucho más a su voz interior que al ruido alrededor. Se empeñó en cultivar su patio para atraer y cuidar a los pájaros diminutos. Y el esfuerzo tuvo éxito. Al darnos un recorrido por su patio densamente poblado, Abrahám nos señalaba una tras otra deslumbradoramente aérea volatín. Al disfrutar del muestrario, Abrahám habló sobre los planes del futuro que tiene en mente para atraer aún más pájaros, para invitar más de las especies nativas a la vista, para documentar su hábitos y conducta, y para introducir turistas a este mundo asombroso del vuelo tipo láser. Abrahám es nada menos que un ornitólogo hecho por su propio esfuerzo.

Ya-saben-que

Personalmente para mí los colibríes ocupan el espacio en ese nicho de la vida silvestre que exige una admiración y atención profunda. Como las pandas gigantes, los pingüinos y las marsopas, hay algo enormemente atractivo de los colibríes, una calidad que captura nuestra imaginación y cariño por ellos. Fijamos todo tipo de aparatos para atraer a estas criaturas cinéticas: conos con agua endulzada y comederos de flores brillantes y plantas de flores grandes. Tal vez es por su pequeño tamaño que reconocemos su vulnerabilidad, y sentimos deseos instintivos de alimentar y protegerlos. Como perritos recién nacidos, los colibríes son casi tan irresistibles. Y en esta visita, podía estar más cerca que nunca de estas criaturas. Tuve la oportunidad de sentir la experiencia de estar en comunión que Abrahám describió en su presentación anterior, un vínculo personal y de cerca con una parte de la naturaleza que en alguna forma nos satisface de forma inexplicable. Pero ese espacio es algo esencial para cada uno de nosotros, no importa si lo reconocemos o no, si el mundo como tal lo reconoce o no.

Al final del taller de dos días, al prepararse los y las jóvenes de las diferentes cooperativas a emprender la implementación de sus proyectos variados, me encontré dentro de mí el deseo que ojalá que tomaran el tiempo de visitar a Abrahám en su casa, y experimentaran el proyecto que ya estuvo desarrollándose allí. Sé que escucharon su historia sobre su sueño sobre los colibríes. Sé que entendieron ya demasiado claramente el dolor que viene de la burla de ideas nuevas que no juegan bien con el pensamiento convencional. En algún momento se me ocurrió ofrecerles la citación famosa de Albert Einstein, cuando dijo, “Los grandes espíritus siempre han encontrado la oposición violenta de mentes mediocres.” Pero al final solamente puedo esperar que compartan la misma resistencia que mostró Abrahám al mantenerse leal a su propia musa, y que ellos también sigan en su búsqueda de cosas inútiles…