Toda la verdad y nada más que la Verdad

La verdad. Se ha convertido en una mercancía sospechosa en estos días, me temo. En las noticias de hoy solo he escuchado estos eventos se presentan en los informes nacionales sobre los medios de comunicación: a importantes reclamos del Congreso estadounidense representativas, sin ningún fundamento conocido, de hecho, que uno de sus colegas, un musulmán, tiene lazos con un grupo político radical en Oriente Middles , un comentarista de televisión muy conocido, engancharse a la afirmación, caracteriza a la congresista musulmán como “el asesino Mafia,” un estudiante graduado trastornado en Colorado entra en una sala de cine y los brotes de las puntuaciones de los clientes, la estatua de un deporte a largo venerado universidad entrenador se retira de su lugar central de honor en la escuela tras las denuncias de irregularidades y deliberado encubrimiento; Noruega observa el primer aniversario de un ataque de un hombre que dijo que el multiculturalismo en el país justifica la muerte de 77 personas inocentes. La lista podría seguir, sin fin en su longitud, así como su variedad. Y lo que todos ellos comparten temas en común es que el principio central en cada uno de estos casos es “verdad”. Cada actor principal en las historias mencionadas anteriormente actuó de acuerdo a su / versión de la verdad. Es una realización de miedo.

Cada uno de nosotros es un producto de la genética, las experiencias, la educación, la socialización y los mitos de nuestras propias vidas. Nuestra estructura está determinada por aquello con lo que nacimos y lo que hemos encontrado en el camino de la vida. Y como no hay dos personas se puede decir que sea exactamente igual en relación a ambos su genética y experiencias, no debe ser ninguna sorpresa que todos experimentamos el mundo de maneras diferentes. Nuestras perspectivas son necesariamente diferentes, aunque sólo sea de manera aparentemente leves, ya que la combinación de elementos que nos informan es diferente.

Estas diferencias son un regalo, lo que representa la diversidad increíblemente rica y magnífica de la experiencia humana. Conducen nuestra curiosidad, alimentar una insaciable necesidad de entender nuestra existencia, tanto a nivel molecular y un existencial, pedirá nuestra visión de lo que el futuro puede ser. Pero también son una carga, como cuando una verdad está en conflicto con otra verdad, y los respectivos creyentes no pueden conciliarse. Irónicamente, con demasiada frecuencia a un punto muerto lleva a un conflicto en el que “la verdad”, o la versión de alguien de la misma, se utiliza como un arma. La verdad puede pasar de ser una virtud a una fuerza destructiva, desgarrando el tejido de la verdad de otra persona. No tiene por qué ser en el contexto de los problemas de generación de titular-, pero se pueden encontrar en los asuntos de todos los días de nuestras vidas.

Por definición, entonces, nunca podemos captar una verdad absoluta. Nadie tiene el monopolio de la verdad, o incluso una ventaja absoluta en el discernimiento de la misma. No es los Estados Unidos. No republicanos. No demócratas. No es Nicaragua. No cristianos ni musulmanes ni Judios. No los ricos, no los pobres. Todos estamos sujetos a la evolución de lo que percibimos como la verdad, y ese proceso es tan dinámico como las fuerzas que dan forma a nuestras realidades. Lo mejor que podemos hacer es esforzarnos continuamente para agudizar las percepciones e interpretaciones que componen nuestra verdad, en el contexto de lo que otros experimentan como verdaderas. Es nuestra responsabilidad como seres humanos. Y cuando nuestras respectivas verdades chocan, esa colisión es una señal de que ni la vista es completamente exacto y hay una buena razón para ir en busca de una nueva iteración. En ese proceso evolutivo, cualquiera que afirme ser dueño de la verdad absoluta carece de la fuerza, la persistencia y la credibilidad necesaria para el descubrimiento de la verdad.

Nada de esto quiere decir que las supuestas “verdades” de los políticos, expertos insultos egoístas, asesinos enloquecidos o figuras del deporte ególatra guarda ninguna semejanza con la realidad o que pontificants tales tienen ninguna base para ser excusado. Cada uno representa una flagrante falta de decencia en el secuestro y distorsionar cualquier apariencia de verdad, a veces la verdad es deliberadamente deformada de engrandecimiento personal. Pero incluso al condenar las acciones de dichas distorsionadores de la verdad, tenemos que realizar nuestra propia auto-examen de los venenos, tergiversaciones, prejuicios y odios que impulsan nuestras versiones personales de la verdad. No es otra cosa que lo que hacemos en el examen de nuestro ser físico para detectar signos de enfermedad, en busca de la sanación y la integridad. Ninguno de nosotros puede ser lo mejor que podamos ser, siempre y cuando los demás no están bien. Del mismo modo, ninguno de nosotros sabrá nunca toda la verdad y nada más que la verdad, sin tratar de conocer las verdades de los demás ….

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